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Seguridad alimentaria en el Perú

El Perú es uno de los países que durante muchos años ha sido protagonista de noticias ligadas a la malnutrición por defecto, es decir a la desnutrición crónica y anemia, esto debido a que durante años fuimos un país con los mayores índices de desnutrición crónica infantil en Latinoamérica, logrando disminuir dramáticamente al punto de reducir los niveles de DCI de 33% a 12% en los últimos 20 años. Pero con relación a la anemia no ha ocurrido lo mismo, ya que en los últimos años los porcentajes de niños y niñas menores de 36 meses de edad con anemia se han mantenido alrededor del 40%, siendo hoy en día uno de los problemas de salud más prevalentes en la niñez peruana, afectando al desarrollo cognitivo de los mismos y afectando así al desarrollo de nuestro país.

Además, según el último mapa de la FAO, nos ha colocado como el país que se lleva el primer lugar de la región en niveles de inseguridad alimentaria, teniendo a 16.6 millones de peruanos en situación de inseguridad alimentaria, es decir, más de la mitad de peruanos no logra acceder a alimentos que cubran sus requerimientos nutricionales. Dicha información nos coloca como un país en un nivel de vulnerabilidad preocupante, porque además, según el informe «Panorama regional de la seguridad alimentaria y nutricional – América Latina y el Caribe 2022», estamos situados en una Región en donde el costo de una dieta saludable es mayor en comparación con el resto del mundo, teniendo un valor de 3.98 dólares por persona por día.

Sin embargo, nuestro país no está afectado solo por el hambre y desnutrición en los territorios, sino que también vemos el incremento de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad, estando hoy en día el 62.7% de la población peruana mayor de 15 años de edad con exceso de peso (sobrepeso u obesidad), según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar-ENDES 2020. Situación preocupante ya que va en aumento, siendo una de las causas el consumo excesivo de productos ultra procesados con excesivo contenido de sodio, azúcar, grasas saturadas y grasas trans, además del sedentarismo o falta de actividad física, el consumo excesivo de alcohol, etc.

Cabe resaltar que el sobrepeso y obesidad son la punta del iceberg de las consecuencias de los hábitos de vida poco saludables, ya que los resultados más graves son las enfermedades crónicas no transmisibles como la Diabetes Tipo II, Hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, entre otras. Teniendo, según el ENDES 2021, al 21.7% de las personas de 15 y más años de edad con hipertensión arterial, al 41,1% de las personas de 15 y más años de edad con riesgo cardiovascular muy alto y al 4,5% de las personas de 15 y más años de edad con diabetes mellitus. Enfermedades que pueden ocasionar otras comorbilidades como insuficiencia renal, ceguera, pie diabético, amputaciones, entre otras consecuencias, las cuales ocasionan discapacidad y por ende traen un deterioro con relación a la calidad de vida que dichas personas puedan tener en el futuro.

Datos preocupantes, que nos evidencian que en el Perú no se ha abordado de manera correcta el perfil nutricional de la población. Actualmente está centrado en generar políticas sectorizadas como si la nutrición y la alimentación de los peruanos dependiera de un solo sector, cuando esto no es así. Un gran ejemplo es lo sucedido con la atención de las ollas comunes en nuestro país, organizaciones sociales de base que nacieron a inicios de la pandemia. A la fecha son 3567 ollas comunes existentes a nivel nacional, las cuales alimentan a más de 235 mil personas diariamente y a las que el Estado demoró en atender de forma correcta. Hoy las ollas comunes son atendidas desde el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. Sin embargo, hay una serie de iniciativas que podrían potenciarse para atender el hambre existente en el país y que puede evidenciarse en los miles de beneficiarios de las ollas comunes.

Estas iniciativas pueden ser el potenciar la labor de los agricultores familiares y seguir posicionando a la agricultura en las zonas urbana y periurbanas, así como también potenciar la recuperación y el rescate de alimentos de mercados mayoristas y mercados de abasto, considerando que la FAO estima que en Perú se desperdicia más de 12 mil toneladas de alimentos anualmente. Dichas iniciativas podrían ser impulsadas por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego.

Por otro lado, es necesario la venta directa de alimentos a la población más vulnerable, por ello resaltó la labor que el Ministerio de Producción realiza con el Programa “A Comer Pescado”, el cual acerca productos hidrobiológicos a la población beneficiaria de las ollas comunes, brindando de esta forma la oportunidad de acceder a alimentos altamente nutritivos como es el pescado, además de complementar dicha labor con sesiones educativas realizadas por nutricionistas.

Cabe resaltar que he citado propuestas que pueden ejecutarse por parte del gobierno Central, pero también existe una responsabilidad para atender al hambre de la población, desde los gobiernos locales. Ya que son las instancias estatales más cercanas al ciudadano, y tienen toda la posibilidad de promover ordenanzas que potencien acciones que garanticen sistemas alimentarios saludables desde los territorios.

Es por ello que debemos considerar la importancia de abordar, a través de políticas alimentarias integrales y eficaces, el estado nutricional del país. Esto debido a que durante años hemos sectorizado la atención que se le debe dar a nuestra alimentación y nutrición, cuando en realidad lo que debemos hacer es abordarla de manera multisectorial, intergubernamental y de la mano con sociedad civil, las políticas alimentarias. De tal manera que, entre los diferentes decisores políticos, se logre garantizar el derecho a la alimentación y se ejecuten acciones que realmente impacten directamente y de forma positiva en la nutrición del país.

 

Escrito por Jessica Huamán – Decana del Colegio de Nutricionistas de Lima.

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