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La aparición de la anemia durante el embarazo es frecuente y suele deberse a la falta de hierro debido al aumento de las necesidades de este mineral durante el embarazo, sobre todo en el primer trimestre.

Si bien la anemia podría no representar una complicación seria, es fundamental su detección y tratamiento a tiempo, como parte de un buen control prenatal y para evitar complicaciones tanto con la madre como con el bebé. Generalmente, este tratamiento incia en el momento en que se detecta la anemia y debe de mantenerse durante toda la gestación, incluso en los meses posteriores al parto.

Normalmente los síntomas de la anemia leve se confunden con los síntomas generales del embarazo (cansancio, palidez de la piel y de las mucosas, mareos, etc.), por eso es muy importante realizarse controles prenatales que incluyan dosaje de hemoglobina y hierro, como parte de los controles sistemáticos del embarazo, pues en general, el diagnostico es bastante sencillo de realizar.

La anemia grave por deficiencia de hierro pone en riesgo tanto a la madre como al bebé, pues podría existir un mayor riesgo de aborto, parto prematuro,  aumento de la mortalidad del bebe o un incremento del riesgo de infecciones postnatales.

Es fundamental que desde el primer trimestre del embarazo las madres embarazadas asistan a sus controles prenatales y realizen las pruebas necesarias para conocer su estado de salud. Además, consumir alimentos ricos en hierro de origen animal, tomar suplementos de ácido fólico y hierro a partir de la semana 14 de gestación. El corte tardío del cordón umbilical es también un medio eficaz para prevenir la anemia en los recién nacidos.